sábado, 18 de junio de 2011

¿Por qué sufre el ser humano?

El budismo dice que el dolor existe, pero  el sufrimiento es opcional. Observamos, sin embargo, que todos los hombres sufren, aunque, por distintos motivos y en diferentes intensidades. Sería muy importante, por lo tanto, saber si ese sufrimiento puede terminar. Porque no sería prudente pensar que hay quienes gustan de sufrir. Uno tendría que pensar que todos quisiéramos eliminar el sufrimiento de nuestras vidas. 
Analicemos entonces, qué se esconde tras el sufrimiento. Si, por ejemplo, fallece un ser cercano –lo que es un hecho doloroso en sí- recordarlo, con posterioridad, hace aparecer en nosotros el sufrimiento. Lo que nos hace sufrir no es el hecho de que no esté ya con nosotros. Lo que nos hace sufrir es que no lo hemos dejado ir y evocamos continuamente los momentos en que él sí estaba con nosotros. El hecho doloroso de su muerte se ha ido con él. Lo que se ha quedado con nosotros es el recuerdo, el amor que sentíamos por él. 
Cuando una persona querida fallece, uno puede recordarla de muchas formas; sufrir su ausencia y su recuerdo en cada una de esas formas. El dolor de perderlo se da en el momento de perderlo, después de aquello el dolor no permanece. Somos nosotros quienes renovamos el sufrimiento, porque evocamos las diferentes instancias en las que compartimos y que ahora no tenemos. 
La muerte duele una sola vez, en la ocasión en que sucede. Lo que queda después ya no es muerte sino recuerdo, memoria, mente. El dolor es uno solo. El mismo para todos, sea éste mío, suyo o de otro. El dolor es uno solo, aunque pueda manifestarse por diferentes causas, aunque el objeto de nuestro dolor pueda variar. El dolor, como tal, es el mismo en todos, sea suyo, mío o de otro. Eso indica que el dolor no es personal. 
El dolor es objetivo; el sufrimiento, no. Si usted sufre y yo sufro, lo hacemos por motivos diferentes. El sufrimiento mío es mío; el suyo, es suyo. El sufrimiento no se comparte, lo que se comparte es el dolor. El dolor es parte de la vida humana y de la especie. Cuando uno comprende que el dolor no es “mi” dolor, sino el de la especie humana, uno convierte el “mi” en “nuestro” y entonces el dolor se empequeñece. 
Y cuando el dolor disminuye su tamaño, porque está compartido en la humanidad toda, las personas se sienten próximas y propias. Uno comprende que ya no está solo, que es más que un individuo, es la humanidad completa. Y entonces “mi” sufrimiento se aleja, porque ya no hay recuerdo, hay presencia. Y en esa comunión con mis hermanos vuelvo a estar cerca de todos, somos uno solo.

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